Casi todas las personas experimentan ansiedad en sus vidas, por lo general en forma temporal y ligada a eventos como conflictos familiares o del trabajo, problemas financieros y muchos otros. Cuando el evento se resuelve, los problemas de ansiedad se van con ello.
La ansiedad o ataques de ansiedad pueden presentarse con síntomas leves o severos (que inmovilizan al paciente como las fobias a animales, a las alturas o ataques de pánico), o aparecer sin una causa aparente con síntomas como: inquietud, problemas para concentrarse, insomnio, rechinar los dientes al dormir, irritabilidad y aumento o disminución del apetito.
Los pacientes con ansiedad también pueden presentar síntomas físicos como fatiga crónica, palpitaciones, falta de aire, dolor en el pecho, boca seca, sudor excesivo, mareos, falta de apetito sexual, tensión en los músculos del cuello y espalda, trastornos del sistema digestivo (náusea, diarrea), solo para nombrar unos pocos.
La experiencia de los médicos expertos en este padecimiento anota que la mayoría de estos pacientes asistirán al médico por primera vez, aquejando síntomas físicos (no síntomas psicológicos) ya que no reconocen la ansiedad como problema y el diagnóstico es más difícil para el médico general. Es común en pacientes con mal funcionamiento de la tiroides, el presentar episodios de ansiedad.
El 90% de los hombres diagnosticados con niveles disminuidos de testosterona, experimentan nerviosismo, 80% irritabilidad y el 25% temor y ansiedad. Tratamientos con testosterona y/o DHEA pueden ayudar en el tratamiento de estos síntomas
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